jueves, 6 de junio de 2013

"LLORAR" de Oliverio Girondo.

Llorar a lágrima viva
 
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.
Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo...
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.

Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.
Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Ocurre que...

Ocurre que hay días de esos en los que no puedes más.
Días en los que el vaso se va llenando gota a gota pero que no termina de desbordar ¿cuándo ocurrirá eso?
Ocurre que eres culpable de no parar esto, de no poner el problema en manos de quien pueda solucionarlo.
Culpable de estar atrapada en un laberinto y no buscar la salida. Ocurre que hay días en los que pierdes la perspectiva y te dejas atrapar en una tela de araña enmarañada, en la que la araña, para colmo está ciega.
Hay días en los que te lamentas de ser como eres, en los que sientes que has perdido las riendas de tu vida; por varias cosas: por discreción, por educación y por querer ayudar a quien no se quiere dejar ayudar.
Hoy dudo de que la vida sea para los valientes, es mejor ser cobarde y buscar refugio en cualquier cabaña.
Ocurre que de pronto sientes que tu palabra, tu honor, tu honradez y tu credibilidad está continuamente cuestionada, puesta en duda, despreciada; cuando ocurre esto, entonces ya no tienes nada. Sin embargo, la culpa es mía; la culpa es mía porque dejo que me afecte la opinión de alguien que no tiene ni criterio ni objetividad ni equilibrio mental en absoluto.
¿Cuándo, cómo va a terminar este episodio?

martes, 4 de junio de 2013

Simple facts (O de un alma herida)

Fui a buscar mi alma
estaba metida en una oscura madriguera
lamiendo sus heridas
como cualquier alimaña.
Quise llevarla a urgencias
pero me gruñó al acercarme
y me enseñó los dientes con ferocidad.
Le dije palabras tranquilas
que no consiguieron nada.
Ya no se fiaba de mí.

Sigo siendo aquella niña
que pensaba que debajo de su cama
los terroristas colocaron una bomba,
o la que creía que un Tirannosaurio Rex
aparecería en su terraza
para comerse a la familia entera.

Jugué a ser adulta como todos
y perdí la partida.
Si tuviera que definirme diría
que soy los cuatrocientos golpes
que me han deshecho irreversible.

Soy el preso condenado a muerte
que no quiere la visita de su madre
porque fue quién no la educó
para evitar el cadalso.

Demasiados fantasmas he acumulado desde 1989.
Y a veces me alcanzan en plena maratón
y no sé qué cara ponerles
porque no son bien recibidos nunca.

La música me acompaña cuando no llevo los cascos
porque es la banda sonora que va haciendo
mi vida un poco más tangible.
Los viajes me hacen rebobinar las cintas
del paiasaje, pero no me gusta que mi casa
ya no lo sea, mientras que considero sweet home
al que no debería serlo, y por eso, recurro
a la decoración.

Al final es mejor no seguir acumulando trastos
para facilitar el traslado cuando llega la mudanza,
aún no he logrado aplicarlo al alma.


http://worlderlenmeyer.blogspot.com.es/2013/06/simple-facts.html

jueves, 30 de mayo de 2013

Bordes que lindan con el abismo. (de Lunáticas mujeres circulares)

Ser fiel a uno mismo puede tener altos costos,
lo que no se puede es evitarlo 
si a uno le toca ese destino,
malabares existenciales para no eludir verdades que nos atraviesan,
intensas intimidades, 
bordes que lindan con el abismo, 
el propio, el del otro, el real, el fantaseado...
bordes que lindan con la locura,
la propia, la del otro, la real, la fantaseada...

Días sin horas, horas sin tiempo, momentos que se eternizan solos,
y la ineludible realidad de ser cuerpos encarnados en este plan, 
buscando cada uno formatos posibles, más o menos cómodos o incómodos,
cada cuál sabrá cuánto le caben las formas,

Plan Tierra, Agua, Aire y Fuego... 

Ayer llovió, hoy salió sol,
la vida misma 
sigue su curso...

http://mujerescirculares.blogspot.com.es/2013/05/bordes-que-lindan-con-el-abismo.html

miércoles, 17 de abril de 2013

"Hoy me gusta la vida mucho menos..."

Hoy me gusta la vida mucho menos... eso por no decir que hoy no me gusta la vida nada de nada, y eso que hoy brilla el sol y cantan los pájaros.
Hoy no estoy encantada de equivocarme, hoy estoy horrorizada de ello. Estoy asqueada de hacerlo una y otra vez. Estoy cansada, agotada, moralmente hundida y sin ganas de nada. No encuentro sentido a esta vida así, no consigo ver los motivos y los propósitos que me hagan seguir. Vivir así no es vivir, no es vida; es estar todo el día al borde de la angustia y la desesperación.
Y la culpa de estar así, de estar metida en este charco es mía, nada más que mía; por no parar esto a tiempo, por ser discreta y no hablar. Por hacerme la fuerte e intentar gestionar yo sola esta situación, por ser cobarde y tener miedo. Por dejarme manipular y presionar, y entrar en el juego; un juego en el que no tengo el control porque es difícil tenerlo cuando en ese juego no hay reglas; sólo artimañas y trampas.

"Hoy me gusta la vida mucho menos..." pero César Vallejo me gusta mucho más.

Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tanta vida y jamás!
¡Tantos años y siempre mis semanas!...
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste, aquél;    una frente ésta, aquélla...    
Y repitiendo:
¡Tanta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tantos años y siempre, siempre, siempre!

Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dije casi,  por  no  llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tanta vida y jamás! ¡Y tantos años,
y siempre, mucho tiempo, siempre, siempre!


domingo, 31 de marzo de 2013

Llorar y llorar y llorar.



He escrito muchas veces sobre el llanto, sobre las lágrimas y sobre todas esas sensaciones que a uno le sobrevienen cuando tiene ganas de llorar y sobre todo cuando se abandona al lloro.
Llevo meses llorando casi todos los días, por motivos distintos y diversos, pero hace mucho que no escribo sobre ello. 
Justamente hace unos días, como cada viernes, leyendo blogs, descubro en el maravilloso El Fémur de Eva, el Elogio del llanto. No puedo estar más de acuerdo y sentirlo como mío, como escrito por mí; si bien no hubiera podido expresarlo mejor.


Elogio del llanto


Soy mucho de llorar.  No de lágrima fácil, no. O de pucheritos. Hablo de llorar...
Eso que te salen goterones por los dos ojicos que te corren salados como olas para abajo y que te van a confluir con el cauce de los mocos que, no me preguntes porqué, fluyen en el mismo sentido en el espacio y el tiempo. De ese llorar. Del que te brota rotundo del alma cuando se te rompe por esto o aquello. Antes era más de hacerme la fuertorra y aguantarme las ganas con los puños apretados a la orden de ¡aquí-no-sale-ni-una-lágrima-arrrr!... Más de desatarme el nudo de la garganta perpetrando acciones cuyo resultado provocaban más efectos secundarios que los causados por el sofocón (una tarjeta de crédito temblando, una discusión por nada ‘contra’ quien más confianza tenía para acabar llorando ‘por su culpa’, o una elección errónea de compañía...). Hasta que un día me desaté... Y noté que dormía mejor, respiraba mejor, me relacionaba mejor, y hasta digería mejor después de haberme permitido las lágrimas en la proporción al daño que sentía (proporción muy particular, pues cada uno se daña a su manera y no dan manual de instrucciones al respecto). Así me hice de llorar... Sola, con motivos, con ganas, y con tiempo por delante para no tener que ir a ningún sitio con extra de 'tapacubos' (corrector de ojeras) o con el rollo de la 'conjuntivitis dichosa' (aunque si lloras en ángulo de 45 grados al suelo, las lágrimas van directas al pavimento y se nota menos). Las primeras veces me daba pánico lo que sentía, creía que me iba a ahogar, literalmente, en el llanto. Y necesitaba llamar a alguien. Para que me salvara, claro. Pero como también soy mucho de seguir las señales del miedo (lo que más aterra es lo que más se necesita aprender casi siempre) pensé que era mejor llorar sola. Cuanto más miedo sentía, menos levantaba el teléfono (sabiendo que tenía a quien llamar si no era capaz de soportarlo). Y noté como cedía el llanto en la medida en que me hacía cargo de él, lo identificaba con su causa, y lo permitía. Y cedía también el dolor. Y el miedo...

Los puentes como estos son muy buenos para llorar sin prisas... Cuando todo el mundo se va de vacaciones y te quedas con un montón de horas por delante en las que puedes entrar y salir de ti misma/o según te convenga... Ojo, hablo todo el tiempo del llanto como curación. No como patología. No como estado de ánimo en el que quedarte como una centrifugadora más de lo necesario. Hablo de llorar para seguir avanzando, y aprendiendo, y viviendo, y volviendo a llorar claro... Pero por otros motivos y con la certeza de que la vida tiene esa parte más difícil y que, a veces, daña, pero sabiendo que siempre es mejor notarla que contemplarla envuelta en celofán por si te deja cicatrices. No pasa nada por llorar. Si lo piensas bien, el llanto es sólo agua salada que sale de tu cuerpo, como lo hacen con total normalidad otros fluidos que podrían enfermarte si se atascasen. Lo que realmente tendría que dar pavor es no sentir... Creo que se puede aprender mucho de las lágrimas: antes, durante y después de ellas. Pueden resultar de gran ayuda para “andar el camino viejo como si fuese nuevo”, como dice el proverbio, cualquiera que sea el camino elegido. Tengo la certeza además de que saber qué te hace llorar y por qué, te convierte en alguien más independiente, más capaz, más fuerte, más ‘persona’, y mejor compañera/o de viaje para los demás. Sólo necesitas quedarte a solas y en silencio un rato. Y prestarte atención. Y no asustarte de ninguna emoción. Relajarte y aprenderte. Y luego seguir caminando.  O bailando, que es más divertido :-)

viernes, 8 de marzo de 2013

"Entrante a media tarde" de Paper dreams, honey.

"Por un instante sentí que todos los suspiros que no hemos soltado se van acumulando en nuestras ojeras como se acumulaban las lágrimas y los besos que temimos soltar por el miedo al qué dirán.


Anoche intentaba escribir poesía pero cualquier palabra que quisiera no salía, y yo nunca fui muy de poner en versos a aquello que ni rima...
Me encantaría poder explicarte que es lo que pasa por mi cabeza ahora mismo, hay pocas personas que puedan leer una mirada, lo sabes, y sin embargo te acoges a la primera enmienda y cierras los ojos cada vez que asoman tormentas.
Y cambia el mundo cuando sonríes, pero también cuando lloras. Y la vida es mucho más triste cuando me faltan tus cosas. Pero que te voy a contar a ti que has analizado mi risa?
Aquí sobran lágrimas y falta alegría.
El mundo empieza ser un lugar inhóspito en el que sonreír, quiero decir, vivir, y a estas alturas no me sale ni escribir. Ya no es como antes que no pensaba lo que decía y venía la inspiración a mis manos como magia que crecía y en mi se movía, joder, si es que latía.
Dijiste que escogiera yo el camino a seguir, el problema es que a veces no sé por donde ir y me pierdo y temo a los espejos que señalan hacia atrás por ver reflejos de cosas que me puedan dañar y ya no entiendo... Me faltan reflejos cuando noto tu aliento en mi nuca y me sobran versos cuando me miras, disfruta.
Me faltan palabras para contar todo esto.
Me falta música que inspire este momento.
Me faltan caricias y, sobre todo,
me falta tiempo".


http://ahoraquenosbesamostandespacio.blogspot.com.es/2013/03/entrante-media-tarde.html