jueves, 30 de mayo de 2013

Bordes que lindan con el abismo. (de Lunáticas mujeres circulares)

Ser fiel a uno mismo puede tener altos costos,
lo que no se puede es evitarlo 
si a uno le toca ese destino,
malabares existenciales para no eludir verdades que nos atraviesan,
intensas intimidades, 
bordes que lindan con el abismo, 
el propio, el del otro, el real, el fantaseado...
bordes que lindan con la locura,
la propia, la del otro, la real, la fantaseada...

Días sin horas, horas sin tiempo, momentos que se eternizan solos,
y la ineludible realidad de ser cuerpos encarnados en este plan, 
buscando cada uno formatos posibles, más o menos cómodos o incómodos,
cada cuál sabrá cuánto le caben las formas,

Plan Tierra, Agua, Aire y Fuego... 

Ayer llovió, hoy salió sol,
la vida misma 
sigue su curso...

http://mujerescirculares.blogspot.com.es/2013/05/bordes-que-lindan-con-el-abismo.html

miércoles, 17 de abril de 2013

"Hoy me gusta la vida mucho menos..."

Hoy me gusta la vida mucho menos... eso por no decir que hoy no me gusta la vida nada de nada, y eso que hoy brilla el sol y cantan los pájaros.
Hoy no estoy encantada de equivocarme, hoy estoy horrorizada de ello. Estoy asqueada de hacerlo una y otra vez. Estoy cansada, agotada, moralmente hundida y sin ganas de nada. No encuentro sentido a esta vida así, no consigo ver los motivos y los propósitos que me hagan seguir. Vivir así no es vivir, no es vida; es estar todo el día al borde de la angustia y la desesperación.
Y la culpa de estar así, de estar metida en este charco es mía, nada más que mía; por no parar esto a tiempo, por ser discreta y no hablar. Por hacerme la fuerte e intentar gestionar yo sola esta situación, por ser cobarde y tener miedo. Por dejarme manipular y presionar, y entrar en el juego; un juego en el que no tengo el control porque es difícil tenerlo cuando en ese juego no hay reglas; sólo artimañas y trampas.

"Hoy me gusta la vida mucho menos..." pero César Vallejo me gusta mucho más.

Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tanta vida y jamás!
¡Tantos años y siempre mis semanas!...
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste, aquél;    una frente ésta, aquélla...    
Y repitiendo:
¡Tanta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tantos años y siempre, siempre, siempre!

Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dije casi,  por  no  llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tanta vida y jamás! ¡Y tantos años,
y siempre, mucho tiempo, siempre, siempre!


domingo, 31 de marzo de 2013

Llorar y llorar y llorar.



He escrito muchas veces sobre el llanto, sobre las lágrimas y sobre todas esas sensaciones que a uno le sobrevienen cuando tiene ganas de llorar y sobre todo cuando se abandona al lloro.
Llevo meses llorando casi todos los días, por motivos distintos y diversos, pero hace mucho que no escribo sobre ello. 
Justamente hace unos días, como cada viernes, leyendo blogs, descubro en el maravilloso El Fémur de Eva, el Elogio del llanto. No puedo estar más de acuerdo y sentirlo como mío, como escrito por mí; si bien no hubiera podido expresarlo mejor.


Elogio del llanto


Soy mucho de llorar.  No de lágrima fácil, no. O de pucheritos. Hablo de llorar...
Eso que te salen goterones por los dos ojicos que te corren salados como olas para abajo y que te van a confluir con el cauce de los mocos que, no me preguntes porqué, fluyen en el mismo sentido en el espacio y el tiempo. De ese llorar. Del que te brota rotundo del alma cuando se te rompe por esto o aquello. Antes era más de hacerme la fuertorra y aguantarme las ganas con los puños apretados a la orden de ¡aquí-no-sale-ni-una-lágrima-arrrr!... Más de desatarme el nudo de la garganta perpetrando acciones cuyo resultado provocaban más efectos secundarios que los causados por el sofocón (una tarjeta de crédito temblando, una discusión por nada ‘contra’ quien más confianza tenía para acabar llorando ‘por su culpa’, o una elección errónea de compañía...). Hasta que un día me desaté... Y noté que dormía mejor, respiraba mejor, me relacionaba mejor, y hasta digería mejor después de haberme permitido las lágrimas en la proporción al daño que sentía (proporción muy particular, pues cada uno se daña a su manera y no dan manual de instrucciones al respecto). Así me hice de llorar... Sola, con motivos, con ganas, y con tiempo por delante para no tener que ir a ningún sitio con extra de 'tapacubos' (corrector de ojeras) o con el rollo de la 'conjuntivitis dichosa' (aunque si lloras en ángulo de 45 grados al suelo, las lágrimas van directas al pavimento y se nota menos). Las primeras veces me daba pánico lo que sentía, creía que me iba a ahogar, literalmente, en el llanto. Y necesitaba llamar a alguien. Para que me salvara, claro. Pero como también soy mucho de seguir las señales del miedo (lo que más aterra es lo que más se necesita aprender casi siempre) pensé que era mejor llorar sola. Cuanto más miedo sentía, menos levantaba el teléfono (sabiendo que tenía a quien llamar si no era capaz de soportarlo). Y noté como cedía el llanto en la medida en que me hacía cargo de él, lo identificaba con su causa, y lo permitía. Y cedía también el dolor. Y el miedo...

Los puentes como estos son muy buenos para llorar sin prisas... Cuando todo el mundo se va de vacaciones y te quedas con un montón de horas por delante en las que puedes entrar y salir de ti misma/o según te convenga... Ojo, hablo todo el tiempo del llanto como curación. No como patología. No como estado de ánimo en el que quedarte como una centrifugadora más de lo necesario. Hablo de llorar para seguir avanzando, y aprendiendo, y viviendo, y volviendo a llorar claro... Pero por otros motivos y con la certeza de que la vida tiene esa parte más difícil y que, a veces, daña, pero sabiendo que siempre es mejor notarla que contemplarla envuelta en celofán por si te deja cicatrices. No pasa nada por llorar. Si lo piensas bien, el llanto es sólo agua salada que sale de tu cuerpo, como lo hacen con total normalidad otros fluidos que podrían enfermarte si se atascasen. Lo que realmente tendría que dar pavor es no sentir... Creo que se puede aprender mucho de las lágrimas: antes, durante y después de ellas. Pueden resultar de gran ayuda para “andar el camino viejo como si fuese nuevo”, como dice el proverbio, cualquiera que sea el camino elegido. Tengo la certeza además de que saber qué te hace llorar y por qué, te convierte en alguien más independiente, más capaz, más fuerte, más ‘persona’, y mejor compañera/o de viaje para los demás. Sólo necesitas quedarte a solas y en silencio un rato. Y prestarte atención. Y no asustarte de ninguna emoción. Relajarte y aprenderte. Y luego seguir caminando.  O bailando, que es más divertido :-)

viernes, 8 de marzo de 2013

"Entrante a media tarde" de Paper dreams, honey.

"Por un instante sentí que todos los suspiros que no hemos soltado se van acumulando en nuestras ojeras como se acumulaban las lágrimas y los besos que temimos soltar por el miedo al qué dirán.


Anoche intentaba escribir poesía pero cualquier palabra que quisiera no salía, y yo nunca fui muy de poner en versos a aquello que ni rima...
Me encantaría poder explicarte que es lo que pasa por mi cabeza ahora mismo, hay pocas personas que puedan leer una mirada, lo sabes, y sin embargo te acoges a la primera enmienda y cierras los ojos cada vez que asoman tormentas.
Y cambia el mundo cuando sonríes, pero también cuando lloras. Y la vida es mucho más triste cuando me faltan tus cosas. Pero que te voy a contar a ti que has analizado mi risa?
Aquí sobran lágrimas y falta alegría.
El mundo empieza ser un lugar inhóspito en el que sonreír, quiero decir, vivir, y a estas alturas no me sale ni escribir. Ya no es como antes que no pensaba lo que decía y venía la inspiración a mis manos como magia que crecía y en mi se movía, joder, si es que latía.
Dijiste que escogiera yo el camino a seguir, el problema es que a veces no sé por donde ir y me pierdo y temo a los espejos que señalan hacia atrás por ver reflejos de cosas que me puedan dañar y ya no entiendo... Me faltan reflejos cuando noto tu aliento en mi nuca y me sobran versos cuando me miras, disfruta.
Me faltan palabras para contar todo esto.
Me falta música que inspire este momento.
Me faltan caricias y, sobre todo,
me falta tiempo".


http://ahoraquenosbesamostandespacio.blogspot.com.es/2013/03/entrante-media-tarde.html

martes, 19 de febrero de 2013

"Formulario de quejas y reclamaciones".

No tengo nada.
Nada de nada.
Me despojé de la ropa,
las señas, los retratos.
Hasta de la misma entrega
estrenada, enreciada
en mil vientos (o eso parecía),
me la has devuelto sin tocar.

Tanto esfuerzo, tantos días
luchando por agradarte
y ahora...
¿Sabes? Me fié de ti y los tuyos
hasta las últimas consecuencias...

¿Que lo hice mal? Ya lo sé.
Puede salvarme la intención, 
pero ¿y a ti?

No dejo de pensar que podría
haber sido de otra manera...
Tú más claro, yo menos cabezota.

Intuyo que para construir
un futuro, he de aceptar mi pasado.
Y no puedo.
Mi vida es demasiado corta,
y la experiencia aún más.
Tengo la odiosa sensación
de haber malgastado la vida en
algo que no lo merecía.

¡Ojalá pudiera invertir
emociones y pensamientos!
Claro que se necesita tiempo y fuego
para forjar de nuevo (quizá en este caso
haga falta frío que temple lo vivido).

No sé, el caso es que estoy hecha un lío.
Que no había pensado en un final alternativo
y me quedé atrapada en el entremés del guión
inicial y ahora soy un personaje 
a medio hacer, con más dudas que acciones,
atrapado entre palabras a medio pronunciar:
sin saber ya si sueño.


Fuente: Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

viernes, 15 de febrero de 2013

33

Cumplir un miércoles de ceniza la edad de Cristo podría decirse que es una cruz. Jajaja.
Ains, he tenido un cumpleaños genial, muy feliz. Lleno de regalos, de felicitaciones, de buenos momentos y muchos amigos. Bueno, aunque no han llegado los preciosos botines azules que yo quería... ha llegado un regalo de mis padres en forma de coche. Estrené coche a los 23 y también a los 33, ¿qué me depararán los 43?
¡Ay, qué me encanta el día de mi cumpleaños!

miércoles, 6 de febrero de 2013

"Castillo de Cristal"

Leo por casualidad este comentario a un artículo del blog de Eduard Punset: "LA SOLEDAD, ESA GRAN CATÁSTROFE HUMANA" y descubro que no puede venirme mejor. Necesito mi propio castillo de cristal, quiero mi castillo, mi refugio; si es que no lo tengo ya...

"Yo, hace tiempo me construí un Castillo de Cristal. Para defenderme de las grandes piaras de frías bazofias humanas.

Esa fortaleza era como el hospital de mi mente. Lo comencé a construir mientras atravesaba la adolescencia, lo mantuve durante la juventud, y como comprobé que fue el centro de mi salvación, lo he mantenido siempre en pie, y dispuesto a utilizarlo. Construirlo fue una decisión de auténtica necesidad. En él busqué y encontré mi independencia y mi emancipación del rebaño y me predispuse a buscar la perfección más allá del momento y la realidad actual.
El porqué del nombre tiene una sencilla explicación: lo de “Castillo” es el símbolo de una defensa infranqueable y lo de “cristal”, porque es el único elemento que tiene una forma pre-establecida en su propia composición química. Su estructura atómica es ordenada y periódica en las tres dimensiones del espacio. Podrá o no cristalizar en su forma (según los casos), pero nunca tomará otra forma que la propia. Al verlo sabemos lo que es. Es inconfundible. Por eso, de igual manera que el cristal en una solución saturada provoca nuevas cristalizaciones semejantes a si mismo, creando así formas de su propio sistema geométrico, yo, quería encontrar (de forma análoga al cristal), el clima propicio para convertirme en núcleo de energías positivas. Proyectando sobre el medio mis características propias, para poder salir reforzado en mis virtudes, reconocer mejor mis defectos, y evitar ser como tantos tipos que carecen de línea propia y que van orgullosos por la vida luciendo su domesticidad y que por las prebendas echan el cerrojo a su dignidad y castran los nobles y dignos sentimientos de los demás; amoldando su corazón a los prejuicios y su inteligencia (si la tienen), a la rutina.
Me negaba a pertenecer a esa calaña de gente compuesta por frías bazofias humanas, que van por la vida cuidando su “sombra” e ignorando a la “persona”, no siendo capaces nunca de individualizarse, y que ignoran el placer de exclamar “¡soy yo”!, e incapaces de servir a una causa justa, a una fe o a una pasión.
Así que, acudía a mi “Castillo de Cristal” cuando me faltaba la autoestima, cuando me sentía solo ante la multitud, cuando estaba falto de moral, cuando necesitaba ahogar determinadas melancolías, cuando era injustamente tratado y malinterpretado y cuando la mediocridad trataba de engullirme. También me refugiaba en él para huir de servilismo, del abellacamiento y para sentirme libre ante los convencionalismos que los demás pretendían y querían imponerme. Dentro de él convertía mis fracasos en valiosa y útil experiencia y fundamentaba mis ansias de perfección en ella (la experiencia) y el conocimiento. Y me refugiaba en fin…, cuando me sentía vacío y tenía auténticas ganas de llorar, cuando me robaban mis ilusiones, y ¡como no!, cuando tenía que hacer un examen de mi conciencia por las malas acciones (conscientes o inconscientes) que pudiera haber ocasionado a los demás, o por las buenas acciones que (consciente o inconscientemente) no hice pudiendo haberlas hecho. Así, pues, en mi “Castillo de Cristal” es en donde me regeneraba, me autoanalizaba y reflexionaba sobre mis defectos y mis virtudes. No era muy frecuente que recurriese a él, porque resistía bien los golpes y poseía personalidad y un carácter recio y tenaz. Pero a veces los golpes eran tan duros, violentos y continuados que al final caía irremisiblemente. El tiempo de permanencia en él, dependía (lógicamente), del grado de crisis por la que atravesaba y del momento y la forma en que esa crisis se producía. De ahí que, en muchas ocasiones, cuando estaba saliendo de mi “castillo”, algunas malas conciencias que estaban al acecho me asestaban otro golpe y… otra vez “pa’dentro”."

Probaré a encerrarme un ratito en mi castilllo.