domingo, 3 de noviembre de 2013

Ana Belen - Desde mi libertad



Sentada en el andén
mi cuerpo tiembla y puedo ver
y a lo lejos silba el viejo tren
como sombra del ayer.

No será fácil ser
de nuevo un sólo corazón.
Siempre había sido
una mitad sin saber mi identidad.

No llevaré ninguna imagen de aquí
me iré desnuda igual que nací.
Debo empezar a ser yo misma y saber
que soy capaz y que ando por mi piel.

Desde mi libertad
soy fuerte porque soy volcán.
Nunca me enseñaron a volar
pero el vuelo debo alzar.

Nunca me enseñaron a volar
pero el vuelo debo alzar.

martes, 20 de agosto de 2013

Si hay cielo.

No sé si hay cielo o no. Nunca lo he sabido, nunca lo he tenido claro. Algunas veces he tenido incluso dudas. Sólo tengo claro que hay personas que nos dejan para siempre, que físicamente se van de nuestro lado y eso no tiene remedio, es así y punto.
Por supuesto que nunca salen de nuestra vida, permanecen en los recuerdos, en las fotografías, en las millones de sensaciones que nos despiertan cuando tocamos sus cosas, cuando los soñamos; en definitiva, si no queremos que nos abandonen nunca lo harán.
Desde que empecé a escribir en este medio nunca me había ocurrido tener que escribir de la muerte, al menos no directamente, no de la muerte de alguien en concreto.Pero la vida tiene estas cosas...
Vuelvo la vista atrás y rememoro los momentos, las circunstancias y las fechas en las que han ido falleciendo mis seres más cercanos. Soy capaz de reconstruir casi perfectamente cada uno de ellos, recuerdo hasta el más mínimo detalle, cómo eran las flores, mi ropa, la gente... prácticamente todo. No me sorprende en absoluto siempre he tenido una buena memoria fotográfica y más en estas ocasiones que me afectan sobremanera. Sin embargo, soy incapaz de recordar la cara y los gestos, sobre todo de mi abuelo porque su fallecimiento en 1989 ha sido uno de las situaciones más dolorosas, más tristes, más determinantes que han marcado mi vida. Hay un antes un después de ese momento, un cambio radical en mi carácter, en mi forma de ver la vida. A partir de entonces crecieron mis miedos, dejé de ser una niña para ser otra persona, una persona que se da cuenta de que esto de la vida va en serio, que no era lo que creía...
Desde entonces hasta hoy he tenido que vivir la despedida de mis dos tíos (1998 y 2006); tan jóvenes, tan trágicamente, tan injustamente... He sufrido su pérdida y he descubierto en mi madre cómo uno debe sobreponerse al inmenso dolor que siente, cómo la vida debe seguir, cómo hay que tenerles presentes y recordarles con una sonrisa, con alegría, como si siempre estén caminando a nuestro lado con su mano en nuestro hombro; pero no consigo aprenderlo del todo... únicamente sé que cuando sueño con alguno de ellos; muy, muy pocas veces; me despierto feliz, contenta de haber vivido ese momento. Quiero que ocurra más veces porque así están junto a mi.
En 2003 y casi sin ser consciente de ello por la distancia, mi abuela fue poco a poco apagándose. Se apagó ella y me consta que también un poco mi padre. Desde luego a él le afectó física y emocionalmente como a nadie esa muerte, a mi modo de ver. Alargar o mantener innecesariamente la vida de un ser querido cuando no hay retorno no hace más que aumentar el sufrimiento y el desgaste que supone tanta noche de hospital, tanta incertidumbre. No se me puede olvidar cómo Víctor nos preguntaba una y otra vez qué pasaba desde entonces, dónde se había ido y por qué no íbamos a ver nunca más a la abuela. Y en unos meses también perdimos a su perra, esa que tenía nuestros mismos apellidos, la que siempre le había cuidado y protegido desde que nació.
Ayer 18 de agosto de 2013, mi abuelo nos dejó. Nos dejó para descansar para siempre después de una vida plena, dura pero feliz. Hasta el último día ha sido consciente de que acababa, de que los 93 años pesaban, que había vivido lo suficiente y que había vivido lo mejor que ha podido. Se ha ido en calma, sin sufrir y sin hacer ruido. Quiero pensar que la tarde antes de morir sí escuchó a su biznieto llamarle abuo y fue feliz. Ahora tengo dos flores más que guardar en mi cajón de recuerdos.
No sé si hay cielo, pero si lo hay, seguro que están allí.

lunes, 29 de julio de 2013

El regreso de "La Esporádica".

"La Esporádica" ha regresado a escena en Caleruega y lo ha hecho con fuerza y con éxito, como no podía ser de otra forma.
Todo el trabajo realizado y el esfuerzo ha merecido la pena, más bien, ha merecido la alegría; porque siempre es una satisfacción trabajar con un equipo tan fantástico, tan serio, tan bien organizado; tanto es así que ni se nota el cansancio ni decae el ánimo. Las cosas bien hechas, salen bien.
Estoy convencida de que Maribel volverá a escena, no sé dónde, pero seguro que lo hará...

Como está todo perfectamente detallado en el post de Caleruega, aquí va:

Compañía "La Esporádica de Caleruega" (Julio 2013)

Un gran éxito de crítica y público en la representación de "Maribel y la extraña familia" (Miguel Mihura, 1959) a cargo de La Esporádica en el Granero Grande de Caleruega el pasado sábado. Han sido más de 7 meses de trabajo, de ensayos en horas diversas, cuadrando agendas entre todos y enorme esfuerzo y tesón por llevar a cabo el proyecto, pero el resultado ha merecido la pena. Un agradecimiento a José Ramón Vicario, como director, y a toda la compañía por traer a Caleruega este clásico de Mihura. Más de 400 personas nos reunimos en el Granero Grande de la antigua Cooperativa para disfrutar durante 3 horas (de 22h a 1 de la mañana) de esta comedia en 3 actos que todo el público siguió con respeto, silencio e interés.

Granero Grande transformado en teatro (Julio 2013)

El doble reto del proyecto era acondicionar el antiguo Granero Grande de la cooperativa para transformarlo en un teatro y la verdad es que el resultado no pudo ser más concluyente. Durante 3 horas, el público asistente pudo abstraerse del lugar en el que se encontraba para centrarse en la pura representación teatral. Y el resultado fue tan digno como los comentarios tan agradables que se pudieron escuchar a la salida del mismo.

Os paso algunos momentos de la obra (fotos gentileza de Sandra Martínez): 











Esta obra y su infraestructura, como siempre, no hubiera sido posible sin la colaboración desinteresada de amigos y familiares así como el apoyo de las instituciones que han aportado su material e instalaciones: Ayuntamiento de Caleruega y Cooperativa del Campo "La Burgalesa". No quisiera olvidarme de nadie, pero me gustaría reseñar el trabajo de Construcciones "Peña Bravo", Juan Carlos Peña, Miguel Angel (Pío) y Marcos en la construcción del escenario, César Fernández por su trabajo en el sonido y Ángel en la grabación de vídeo, Alejandro Delgado en su preparación de la iluminación, Diego Saiz por pintar las paredes del granero, Verónica y Laura por su ayuda con el maquillaje, Cristina y Gabriela Calvo por el diseño del cartel, Berta Martínez por sus dibujos e ilustraciones del decorado, Javi &Eva(Pineda) y Marta Martínez como taquilleras, Marcelo Crucis y Carlos Santirso por su ayuda en los trabajos y por supuesto a Lidia Arribas y Ana Munuera por todo su trabajo de producción y regiduría.
  
En fin, un trabajo conjunto de un gran equipo. La pena es que con todo el trabajo realizado sólo se haya representado una única vez, pero la idea de la compañía es poder repetirlo en algún otro pueblo en los meses siguientes.

miércoles, 12 de junio de 2013

Herida.

Herida, casi, de muerte; así es como estoy yo, así es como me siento.
Herida en mi yo más profundo, sin autoestima, con pensamientos negativos recurrentes; sola, hoy sí que me siento sola; hoy veo que no valgo nada, que no merezco nada ¿por qué si no iba a estar sola?
Mentiría  y perdería la perspectiva de la realidad si dijera que mi familia no está ahí; porque sí lo está; sin embargo, este carácter mío me impide abrir la boca y hablar y gritar... me permite únicamente llorar en silencio, llorar en mi soledad.
Qué triste es sentir que nadie te pregunta, que no importas, que no tienes un hombro en el que apoyarte, que no hay nadie que te tienda su mano; porque no te ven, porque no eres nada, porque pasas desapercibida... porque sólo recurren a ti cuando necesitan algo.
Estas sensaciones no me son extrañas, las recuerdo de momentos pasados, las  vivifico en el presente como si fuera entonces; pero no es entonces, porque hoy soy yo, sólo yo quien es cuestionada, menospreciada, infravalorada, humillada... simplemente por ser como soy.
Si yo sé que no soy la mejor en nada, sé que no soy una santa ni un ángel; que tengo lo mío (siempre lo he dicho, lo he reconocido y asumido) no tengo buen carácter, no soy la alegría de la huerta, no soy cariñosa ni cercana, no soy sociable ni agradable, ni risueña, ni muchísimas cosas más... Pero desde luego tampoco soy un demonio que va fastidiando la vida a los demás, no soy una mala persona que le hace la vida imposible a nadie; al menos, así lo creo y lo considero; aunque ya ni sé, tal vez también esté equivocada. No es mi costumbre mentir ni engañar, ni utilizar a nadie, ni aprovecharme ni ser desagradecida; no lo es. Precisamente por esto mismo, creo que no me merezco ser tratada de esta manera.
Me siento herida de muerte, herida en mi honor y la culpa es sólo mía por dejar que me afecten ciertas cosas, por no hablar, por débil, por tonta. Aunque a decir verdad, la culpa no es solamente mía, pero de eso, prefiero no hablar.
Algún día saldrá el sol para mí, o no.

jueves, 6 de junio de 2013

"LLORAR" de Oliverio Girondo.

Llorar a lágrima viva
 
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando.
Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo...
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.

Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca.
Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

Ocurre que...

Ocurre que hay días de esos en los que no puedes más.
Días en los que el vaso se va llenando gota a gota pero que no termina de desbordar ¿cuándo ocurrirá eso?
Ocurre que eres culpable de no parar esto, de no poner el problema en manos de quien pueda solucionarlo.
Culpable de estar atrapada en un laberinto y no buscar la salida. Ocurre que hay días en los que pierdes la perspectiva y te dejas atrapar en una tela de araña enmarañada, en la que la araña, para colmo está ciega.
Hay días en los que te lamentas de ser como eres, en los que sientes que has perdido las riendas de tu vida; por varias cosas: por discreción, por educación y por querer ayudar a quien no se quiere dejar ayudar.
Hoy dudo de que la vida sea para los valientes, es mejor ser cobarde y buscar refugio en cualquier cabaña.
Ocurre que de pronto sientes que tu palabra, tu honor, tu honradez y tu credibilidad está continuamente cuestionada, puesta en duda, despreciada; cuando ocurre esto, entonces ya no tienes nada. Sin embargo, la culpa es mía; la culpa es mía porque dejo que me afecte la opinión de alguien que no tiene ni criterio ni objetividad ni equilibrio mental en absoluto.
¿Cuándo, cómo va a terminar este episodio?

martes, 4 de junio de 2013

Simple facts (O de un alma herida)

Fui a buscar mi alma
estaba metida en una oscura madriguera
lamiendo sus heridas
como cualquier alimaña.
Quise llevarla a urgencias
pero me gruñó al acercarme
y me enseñó los dientes con ferocidad.
Le dije palabras tranquilas
que no consiguieron nada.
Ya no se fiaba de mí.

Sigo siendo aquella niña
que pensaba que debajo de su cama
los terroristas colocaron una bomba,
o la que creía que un Tirannosaurio Rex
aparecería en su terraza
para comerse a la familia entera.

Jugué a ser adulta como todos
y perdí la partida.
Si tuviera que definirme diría
que soy los cuatrocientos golpes
que me han deshecho irreversible.

Soy el preso condenado a muerte
que no quiere la visita de su madre
porque fue quién no la educó
para evitar el cadalso.

Demasiados fantasmas he acumulado desde 1989.
Y a veces me alcanzan en plena maratón
y no sé qué cara ponerles
porque no son bien recibidos nunca.

La música me acompaña cuando no llevo los cascos
porque es la banda sonora que va haciendo
mi vida un poco más tangible.
Los viajes me hacen rebobinar las cintas
del paiasaje, pero no me gusta que mi casa
ya no lo sea, mientras que considero sweet home
al que no debería serlo, y por eso, recurro
a la decoración.

Al final es mejor no seguir acumulando trastos
para facilitar el traslado cuando llega la mudanza,
aún no he logrado aplicarlo al alma.


http://worlderlenmeyer.blogspot.com.es/2013/06/simple-facts.html