sábado, 28 de febrero de 2009

Albert Einstein.

El mundo tal y como yo lo veo. (Segunda parte)
Mi profundo sentido de la justicia social y de la responsabilidad social han contrastado siempre, curiosamente, con mi notoria falta de necesidad de un contacto directo con otros seres humanos y otras comunidades humanas. Soy en verdad un "viajero solitario" y jamás he pertenecido a mi país, a mi casa, a mis amigos, ni siquiera a mi familia inmediata, con todo mi corazón. Frente a estos lazos, jamás he perdido el sentido de la distancia y una cierta necesidad de estar solo...sentimientos que crecen con los años. Uno toma clara conciencia, aunque sin lamentarlo, de los límites del entendimiento y la armonía con otras personas. No hay duda de que con esto uno pierde parte de su inocencia y de su tranquilidad; por otra parte, gana una gran independencia respecto a opiniones, los hábitos y los juicios de sus semejantes y evita la tentación de apoyar su equilibrio interno en tan inseguros cimientos.
Mi ideal político es la democracia. Que se respete a cada hombre como individuo y que no se convierta a ninguno de ellos en ídolo. Es una ironía del destino el que yo mismo haya sido objeto de excesiva admiración y reverencia por parte de mis semejantes, sin culpa ni mérito míos. La causa se esto quizá sea el deseo, inalcanzable para muchos, de comprender las pocas ideas a las que he llegado con mis débiles fuerzas gracias a una lucha incesante. Tengo plena conciencia de que para que una sociedad pueda lograr sus objetivos es necesario que haya alguien que piense y dirija y asuma, en términos generales, la responsabilidad. Pero el dirigente no debe imponerse mediante la fuerza, sino que los hombres deben poder elegir a sus dirigente. Soy de la opinión de que un sistema autocrático de coerción degenera muy pronto. La fuerza atrae siempre a hombres de escasa moralidad, y considero regla invariable el que a los tiranos de talento sucedan siempre pícaros y truhanes. Por esta razón, me he opuesto siempre apasionadamente a sistemas como los que hay hoy en Italia y en Rusia. Las causas del descrédito de la forma de democracia que existe hoy en Europa no deben atribuirse al principio democrático en cuanto tal, sino a la falta de estabilidad de los gobiernos y al carácter impersonal del sistema electoral.
Creo, a este respecto, que los Estados Unidos han encontrado el camino justo. Tienen un presidente a quien se elige por un periodo lo bastante largo y con poder suficiente para ejercer adecuadamente su cargo. Por otra parte, lo que yo valoro en el sistema político alemán es que ampara mucho más ampliamente el individuo en caso de necesidad o enfermedad. Lo que es realmente valioso en el espectáculo de la vida humana no es, en mi opinión, el estado político, sino el individuo sensible y creador, la personalidad; sólo eso crea lo noble y lo sublime, mientras que el rebaño en cuanto tal, se mantiene torpe en el pensamiento y torpe en el sentimiento.
Este lema me lleva al peor producto de la vida de rebaño, al sistema militar, el cual detesto. Que un hombre pueda disfrutar desfilando a los compases de una banda es suficiente para que me resulte despreciable. Le habrán dado su gran cerebro sólo por error; le habría bastado con médula espinal desprotegida. Esta plaga de la civilización debería abolirse lo más rápidamente posible. Ese culto al héroe, esa violencia insensata y todo ese repugnante absurdo que se conoce con el nombre de patriotismo. ¡Con qué pasión les odio! ¡Qué vil y despreciable me parece la guerra! Preferiría que me descuartizasen antes de tomar parte en actividad tan abominable. Tengo tan alta opinión del género humano que creo que este espantajo habría desaparecido hace mucho si los intereses políticos y comerciales, que actúan a través de los centros de enseñanza y de la prensa, no corrompiesen sistemáticamente el sentido común de las gentes.
La experiencia más hermosa que tenemos a nuestro alcance es el misterio. Es la emoción fundamental que está en la cuna del verdadero arte y de la verdadera ciencia. El que no la conozca y no pueda ya admirarse, y no pueda ya asombrarse ni maravillarse, está como muerto y tiene los ojos nublados. fue la experiencia del misterio (aunque mezclada con el miedo) la que engendró la religión. La certeza de que existe algo que no podemos alcanzar, nuestra percepción de la razón más profunda y la belleza más deslumbradora, a las que nuestras mentes sólo pueden acceder en sus formas más toscas... son esta certeza y esta emoción las que constituyen la auténtica religiosidad. En este sentido, y sólo en éste, es en el que soy un hombre profundamente religioso. No puedo imaginar a un dios que recompense y castigue a sus criaturas, o que tenga una voluntad parecida a la que experimentamos dentro de nosotros mismos. Ni puedo ni querría imaginar que el individuo sobreviva a su muerte física; dejemos que las almas débiles, por miedo o por absurdo egoísmo, se complazcan en estas ideas. Yo me doy por satisfecho con el misterio de la eternidad de la vida y con la conciencia de un vislumbre de la estructura maravillosa del mundo real, junto con el esfuerzo decidido por abarcar una parte, aunque sea muy pequeña, de la Razón que se manifiesta en la naturaleza.

viernes, 27 de febrero de 2009

Redescubriendo a Einstein.

El mundo tal y como yo lo veo. (Primera parte)
¡Qué extraña suerte la de nosotros los mortales! estamos aquí por un breve periodo; no sabemos con qué propósito, aunque a veces creemos percibirlo. Pero no hace falta reflexionar mucho para saber, en contacto con la realidad cotidiana, que uno existe para otras personas: en primer lugar para aquellos de cuyas sonrisas y de cuyo bienestar depende totalmente nuestra propia felicidad, y luego, para los muchos, para nosotros desconocidos, a cuyos destinos estamos ligados por lazos de afinidad. Me recuerdo a mí mismo cien veces al día que mi vida interior y mi vida exterior se apoyan en los trabajos de otros hombres, vivos y muertos, y que debo esforzarme para dar en la misma medida en que he recibido y aún sigo recibiendo. Me atrae profundamente la vida frugal y suelo tener la agobiante certeza de que acaparo la cuantía indebida del trabajo de mis semejantes. Las diferencias de clase me parecen injustificadas y, en último término, basadas en la fuerza. Creo también que es bueno para todos, física y mentalmente, llevar una vida sencilla y modesta.
No creo en absoluto en la libertad en el sentido filosófico. Todos actuamos no sólo bajo la presión externa sino también en función de la necesidad interna. La frase de Schopenhauer: "un hombre puede hacer lo que quiera, pero no puede querer lo que quiera", ha sido para mí, desde mi juventud, una verdadera inspiración. Ha sido un constante consuelo en las penalidades de la vida, de la mía y de las de los demás, y un manantial inagotable de tolerancia. El comprender esto mitiga, por suerte, ese sentido de la responsabilidad que fácilmente puede llegar a ser paralizante, y nos impide tomarnos a nosotros y tomar a los demás excesivamente en serio; conduce a un enfoque de la vida que, en concreto, da al humor el puesto que se merece.
Siempre me ha parecido absurdo, desde un punto de vista objetivo, buscar el significado o el objeto de nuestra propia existencia o de la de todas las criaturas. Y, sin embargo, todos tenemos ciertos ideales que determinan la dirección de nuestros esfuerzos y nuestros juicios. En tal sentido, nunca he perseguido la comodidad y la felicidad como fines en sí mismos...llamo a este planteamiento ético el ideal de la pocilga. Los ideales que han iluminado mi camino y me han proporcionado una y otra vez nuevo valor para afrontar la vida alegremente, han sido Belleza, Bondad y Verdad. Sin un sentimiento de comunidad con hombres de mentalidad similar, sin ocuparme del mundo objetivo, sin el eterno inalcanzable en las tareas del arte y de la ciencia, la vida me habría parecido vacía. Los objetivos triviales de los esfuerzos humanos ( posesiones, éxito público, lujo) me han parecido despreciables. [...]

domingo, 22 de febrero de 2009

Corre, dijo la tortuga.

Corre, dijo la tortuga,
atrévete, dijo el cobarde,
estoy de vuelta, dijo un tipo
que nunca fue a ninguna parte,
sálvame, dijo el verdugo,
sé que has sido tú, dijo el culpable,

no me grites, dijo el sordo,
hoy es jueves, dijo el martes
y tú no te perfumes con
palabras para consolarme,
déjame solo conmigo,
con el íntimo enemigo
que malvive de pensión
en mi corazón.

El receloso, el fugitivo,
el más oscuro de los dos,
el pariente torpe de la duda,
el que nunca se desnuda
si no me desnudo yo,
el caprichoso,
el orgulloso,
el otro, el cómplice, el traidor.

A ti te estoy hablando, a ti
que nunca sigues mis consejos,
a ti te estoy gritando, a ti,
que estás metido en mi pellejo,
a ti que estás llorando ahí,
al otro lado del espejo,
a ti que no te debo
más que el empujón que anoche
me llevó a escribir está canción.

No mientas, dijo el mentiroso,
buena suerte, dijo el gafe,
ocúpate del alma, dijo
el gordo vendedor de carne,
pruébame, dijo el veneno,
ámame como odian los amantes,

drogas no, dijo el camello,
¿cuánto vales?, dijo el gánster,
a punto de rendirme estaba,
a un paso de quemar las naves,
cuando al borde del camino
por dos veces el destino
me hizo un guiño en forma de
labios de mujer:

"¿nos invitas a una copa?",
"yo te secaré el sudor",
"yo te abrazaré bajo la ropa".
"¿Y quién va a dormir conmigo?",
"ni lo sueñes" contestó
una indignada,
y la otra encantada,
no dijo nada y sonrió

A ti te estoy hablando, a ti,
que nunca sigues mis consejos,
a ti te estoy gritando, a ti,
que estás metido en mi pellejo,
a ti que estás llorando ahí,
al otro lado del espejo,
a ti que no te debo
más que el empujón que anoche
me llevó a escribir está canción.

¿Quién?

En la posada del fracaso, donde no hay consuelo ni ascensor,
el desamparo y la humedad comparten colchón,
y cuando por la calle pasa la vida como un huracán,
el hombre del traje gris saca un calendario de bolsillo y grita:

¿Quién me ha robado el mes de abril?,
¿cómo pudo sucederme a mí?
pero, ¿quién me ha robado el mes de abril?
lo guardaba en el cajón donde guardo el corazón.

La chica de BUP casi todas las asignaturas suspendió,
el curso que preñada aquel chaval la dejó,
y cuando en la pizarra pasa lista el profe se latín,
lágrimas de desamor ruedan por las páginas de un block,
y en él escribe:

¿Quién me ha robado el mes de abril?,
¿cómo pudo sucederme a mí?
pero, ¿quién me ha robado el mes de abril?
lo guardaba en el cajón donde guardo el corazón.

El marido de mi madre en el último tren se largó,
con una peluquera veinte años menor,
y cuando escriben exhiben esas risas de instamatic en París,
derrotada en el sillón se marchita viendo Falcón Crest,
mi vieja y piensa:

¿Quién me ha robado el mes de abril?,
¿cómo pudo sucederme a mí?
pero, ¿quién me ha robado el mes de abril?
lo guardaba en el cajón donde guardo el corazón.



viernes, 20 de febrero de 2009

¿Empezar de nuevo?

Veo desde hace unos días que una nueva serie de televisión se publicita mediante un slogan que me ha llevado a una reflexión profunda; si bien creo que ya había incidido en la idea con anterioridad. La serie en cuestión (que por cierto tiene bastante buena pinta, está protagonizada por un tipo que me agrada, con quien cierto día coincidimos en un bar en Burgos...) tiene un slogan que reza así: "A veces, para ser feliz hay que empezar de nuevo". Ahí es nada.
Sobre qué es ser feliz no voy a hablar. Primero porque creo que no existe la felicidad completa. Hay momentos felices puntualmente o de satisfacción que pueden desembocar en una vida más o menos agradable si se prolongan lo suficiente en el tiempo (a lo mejor la felicidad no es más que esto, preguntaré por ahí). Segundo porque considero, como los existencialistas, que estando condenados a ser libres es imposible alejarse de la angustia, y me temo que eso de la angustia poco tiene que ver con la felicidad. Pienso que sólo son "felices" aquellos que no son demasiado..., en fin no voy a seguir por aquí porque me pierde la lengua, y en parte muchas veces he deseado ser como ellos para no pensar, para no darme cuenta de las cosas, en definitiva, para no sufrir. Si bien creo que la felicidad con mayúsculas sólo está en posesión de quien es plenamente consciente (aunque esto ya lo dijo Aristóteles). El resto sólo son tontos conformistas o satisfechos (al final lo he tenido que soltar). Aquí lo dejo que menos mal que no iba a decir nada.
...hay que empezar de nuevo. Buff, qué es eso de empezar de nuevo y cómo se hace. Si yo pudiera empezaría de nuevo, sobre todo si así consiguiera ser feliz. Lo que ocurre es que creo que no es posible. Únicamente podremos cambiar de lugar, hacer otras cosas, otras actividades, intentar olvidar y seguramente conseguirlo, cambiar ciertas directrices, convivir con otras personas y muchas cosas más; pero lo de empezar de nuevo... Hombre, a menos que a esto le llamemos empezar de nuevo, que para mí, como ya he dicho, no es más que continuar de otra manera. No quiero abusar de citas ni de referencias, pero se me hace imprescindible para justificar mi postura respecto a esta afirmación. Nadie como Gadamer habló de los prejuicios, de su necesidad, y de la imposibilidad o del prejuicio de no tener prejuicios. Todos vamos almacenando a lo largo de nuestra vida, almacenamos vivencias, experiencias, etc. que nos guían en una dirección u otra. Aprendemos gracias a ellas y también condicionan nuestras decisiones futuras. Entonces, cómo vamos a empezar de nuevo, si ese empezar mismo es fruto de una experiencia anterior. Será entonces una ruptura con esa situación. Si a una persona no le ocurriera un hecho traumático, desagradable o llámese como se quiera, nunca haría nada por cambiar su situación. Si algo nos obliga a cambiar, no podemos obviar por qué ha sido, con lo cual eso será el punto de partida de un nuevo camino, de una bifurcación, pero no un empezar. Para concluir, tengo que obligatoriamente citar a Ortega y su tan traída y llevada: "Yo no soy yo, Yo soy yo y mi circunstancia", que es más de lo mismo. Puedo ir y venir todas las veces que quiera, pero no puedo suprimir cualquiera de los pasos que he dado en mi vida, o que han dado los demás que conviven conmigo. Mi "yo" de mañana está completamente imbricado con el de hoy, y es imposible desligarlo, por más que lo pretenda. Ahora, lo que no sé es si mañana seguiré por el mismo camino que hoy, o sucederá algo que me lleve a tomar otra dirección. En cualquier caso, continuaré con mi mochila llena de recuerdos, 29 años de vida... porque de momento, no sé cómo se empieza de nuevo, cómo se borra por completo lo vivido.

martes, 17 de febrero de 2009

40 Orsett Terrace

Me levanto, bostezo, vivo, almuerzo,
me lavo, silbo, invento, disimulo,
salgo a la calle, fumo, estoy contento,
busco piso, hago gárgaras, calculo.

Me emborracho, trasnocho, llego tarde,
duermo de lado, hablo conmigo, lloro,
leo un libro, envejezco, voy al baile,
sudo tinta, suspiro, me enamoro.

Llueve, me abrazan, no doy pie con bola,
anochece, me compro una camisa
(este verso no pega ni con cola),
doy consejos, me rasco, tengo prisa.

Tengo granos, discuto, me equivoco,
busco a tientas, no encuentrom me fatigo,
me olvido de quién soy, me vuelvo loco,
hace frío, amanece, sumo y sigo.

Escupo, voy al cine, me cabreo,
escribo, me suicido, resucito,
afirmo, niego, grito, dudo, creo,
odio, amo, acaricio, necesito.

Te recuerdo, te busco, te maldigo,
digo tu nombre a voces, no te veo,
te amo, ya no sé lo que me digo,
te deseo, te deseo, te deseo.

viernes, 13 de febrero de 2009

13 de febrero de 2009

Hoy es mi cumpleaños. No sé si a lo largo del día me cambiará el humor o no, pero de momento está siendo el más triste de mi vida. Es la primera vez que en un día así no tengo hormigueo en el estómago ni una sensación de sonrisa permanente en la cara; es más, sólo tengo ganas de llorar. Desde luego no es por los años que cumplo, sólo son 29 y estoy muy agusto con mi edad, es por el ahogo que me oprime el pecho. Es la corroboración de soledad y desazón; es mi distimia otra vez...
Lo cierto es que el cumpleaños de este año, que yo le espero bueno, todo me pinta mal. No me gusta que sea viernes porque no quiero ver a nadie. Tampoco me apetece que me llame nadie después de que he estado mucho tiempo esperando a que sonase el teléfono, la solución es no encenderlo, pero entiendo que hay gente que no tiene la culpa. Sobre todo me da una pena terrible porque es el primer año en el que no lo voy a celebrar, con la ilusión que siempre me ha hecho, aunque creo que el domingo me toca comida familiar.
En fin, pasaré el día como pueda, esperando que vaya a mejor, porque si no...

martes, 10 de febrero de 2009

Pasillos de hospital.

Me ha encantado lo que he visto esta mañana. La verdad es que la situación no era nada insólita, pero me ha recordado tantos momentos...

El caso es que mientras me aburría en la sala de espera de la consúlta del dermatólogo, una niñita (de no más de 4 ó 5 años) se ha cruzado en mi mirada. La pobre iba llorando desconsolada porque seguramente el médico le ha hecho daño o simplemente le asustaba. No acertaba a ponerse la chaqueta de lo angustiada que estaba. Pero lo bueno no es esto, por supuesto que no; lo que me ha encantado ha sido oir a la madre decirle: "te has portado muy mal, otra vez hoy". Jo, simplemente genial, porque cuántas veces me habrá dicho eso mi madre a mí. De verdad que ha sido como verme con 4 años, llorando por el pasillo de un hospital, detrás de mi madre, que estaba muerta de verguenza,claro, y echando humo por todos los orificios de su cabeza. Sólo me ha faltado el tortazo por escandalosa (ahora impensable, te juegas la custodia).

Seguramente no vuelva a ver a esta niña nunca más en mi vida, pero desde hoy, sé que será una tía genial.

jueves, 5 de febrero de 2009

Volver al colegio.

Es sorprendente la cuestión del aprendizaje. (Y para no aburrir, omito aquí todas las teorías que hay sobre el tema de gente como Piaget, Watson, la Gestalt,...) Cómo uno aprende, lo interioriza, no es consciente de sus conocimientos (porque residen allá, en eso que llaman memoria a largo plazo) y el día menos pensado vuelven a hacerse presentes. Los conocimientos, los buenos de verdad, los del "saber cómo" o el "saber por qué, son como los amigos de verdad que están ahí cuando los necesitas, incondicionalmente presentes, nunca te fallan. Si fallan es que no son auténticos amigos, perdón, quería decir conocimientos. Bien es cierto en ocasiones hay que esforzarse un poco para que vuelvan a la cabeza, y por consiguente a la boca o la mano. A esos grandes "sitios" del ser humano (otra cuestión sobre la que tengo que escribir: la relación pensamiento-inteligencia- boca-lenguaje- mano...interesantísimo).
El caso de esta introducción viene a que cada día me resulta más gratificante el dar clase a un escolar. La razón es bien sencilla: continuamente estoy trayendo al presente los conocimientos adquiridos en el colegio. Esos de los que uno no es consciente y que siempre piensa que los ha olvidado. En serio, yo que siempre he sido una negada para las matemáticas, aluciné el día en que me puse a hacer una raíz cuadrada, después de muchos años y muchos libros de otros temas leídos, y oh sorpresa me salió, me acordaba. La sensación fue maravillosa, porque no sólo me acordaba, sino que además era mucho más consciente de la racionalidad que reside en la propia operación. Un auténtico placer, vuelvo a repetir. Lo mismo me ocurre con la lengua, con la historia, con las ciencias, etc. Genial recordar todo aquello con la ventaja añadida de que en edad adulta somos más conscientes de ello y estructuramos todo mucho mejor, más racionalmente.
Encantada de descubrir que soy un ejemplo de lo que en pedadogía se llama apendizaje significativo.

martes, 3 de febrero de 2009

Catarsis.

Dos grandes genios de todos los tiempos. Mirar su obra es tan escalofriante como maravilloso, pura catarsis.
Edvar Munch.
Gustav Klimt.