jueves, 27 de noviembre de 2008

Sobre aquello que opinan los demás.

Esto no es más que un desahogo. Un desahogo por lo que hay que leer y oir. Desde luego no estoy en contra de los foros ni de que cada uno vierta libremente sus opiniones, pero lo que ya no me parece tan bien es que se escuden en el anonimato para permitirse decir muchas cosas que de otra forma no se atreverían. ¿Cobardía? que juzge cada uno...
El caso es que aquí todo el mundo opina y critica sobre cómo se hacen las cosas, sobre qué se debe hacer, sobre quién lo hace y a cambio de qué, y claro, siempre desde la barrera y sin mover un sólo dedo. Desde fuera se ven las cosas de otra manera e importa menos si las relaciones sociales entre los vecinos que vivimos aquí todo el año son tensas o no. Es muy duro que en un pueblo tan pequeño en el que todos nos conocemos perfectamente (digo más, en el que casi todos somos familia más o menos cercana) se haya llegado a la situación de no poder estar agusto en el bar porque unos no se hablan con otros, en realidad por nada. Yo entiendo que cada uno tiene sus prioridades y que en función de ellas configura su forma de vida. Respeto a quien no quiere implicarse directamente, también sus opiniones y críticas, de hecho considero que son muy necesarias, pero por lo que no paso es por las mentiras y las calumnias. No digo que sólo se pueda hablar en los plenos, cada uno que hable donde pueda o donde quiera, todos hacemos los mismo, yo la primera. Sería bueno informarse antes de hablar, y esto lo digo porque creo que soy accesible y escucho a todo el mundo, y a mi nadie me ha preguntado ni ha hablado conmigo de nada para decir por ahí cosas que yo no he dicho, o inventar supuestas opiniones mías.
Estoy literalmente harta de recibir por todos los lados. Por el lado de los defensores de los unos y por el lado de los defensores de los otros, que la verdad me cuesta mucho saber quiénes son, porque aquí se mezcla todo sin más, se mete todo en el mismo saco y se acabó. Desde que llegué al ayuntamiento, con la única pretensión de hacer cosas por mi pueblo, he tenido que oir de todo y aguantar más de lo que muchos se imaginan y no sólo yo, sino toda mi familia, que me pregunto qué tendrán que ver con lo que yo hago o dejo de hacer (por suerte mi casa no es una tiranía donde impera el pensamiento único, es más, me siento orgullosísima de que aquí cada cual tenga su opinión propia y la defienda como debe ser: hablando) ¿Cuánto nos queda para tener una sociedad plenamente madura? No me sorprenden estos comentarios, estaba preparada para lo que iba a venir. Cuando uno accede a ocupar estos cargos sabe que se expone a estar en boca de todos, es lo que hay. También entiendo que se malentiendan muchas de las actuaciones que uno hace, porque en realidad es cierto que no basta con tener intención de hacer las cosas bien, sino que además hay que hacerlas. Este fue mi propósito desde el principio, hacer cuanto pudiera para que nuestro pueblo sea mejor, con independencia de todo y de todos. Creo que he criticado lo que no me ha parecido bien y aplaudido lo que he considerado adecuado, venga de quien venga. Nunca tuve la intención de que nadie me agradeciera nada ni recibir nada a cambio de lo que yo pudiera hacer, simplemente sentía que podía hacer algo, ya que estoy aquí, y pensé que era mejor que no hacer nada. Ahora pienso muchas veces: ¡qué bien si me hubiera quedado en casa, la de disgustos y decepciones que me hubiera ahorrado!, pero bueno ya está y no voy a volver atrás porque no me arrepiento de nada, si acaso de no haberme podido presentar a las elecciones municipales de otra manera, y sé bien lo que digo, porque creo que eso es algo que arrastraré durante mucho tiempo, no soy tonta...
En fin, larga vida a la democracia... a la gente que no es demócrata y se dedica únicamente a hacer daño o por lo menos lo intenta, ni le respondo.

martes, 25 de noviembre de 2008

Pensando en canciones.

Recuerdo que cada vez que me enfrento a un nuevo alumno siempre le pregunto en qué piensa, no en qué cosas piensa, sino cómo son sus pensamientos: si piensa en palabras o en imágenes. La mayoría de ellos nunca se lo había planteado, y por la edad que tienen y por su vocabulario y ortografía, casi estoy segura que sólo piensan en imágenes.

Bueno, todo esto viene a que como cada tarde que me planteo qué hacer con mi vida, lo que me viene a la cabeza es una canción. Es curioso, todo está dicho en las canciones. Mi canción de hoy es una ¿versión? de una canción de Sabina: Yo quiero ser una chica...del Renacimiento. Eso es lo que quiero ser. Alguien que pueda hacer muchas cosas muy distintas y todas muy creativas. Quiero ser como Leonardo da Vinci, eso sí con la hipoteca y la luz pagada,aunque está difícil en los tiempos que corren. No más que vivir de la filosofía, pero eso es otro tema que no voy a abordar hoy, tal vez tenga que ver con eso de los nacidos para sufrir...

El caso es que un día de estos tendría que decidirme a recopilar la banda sonora de mi vida. Sé que le pasa a la mayoría de los mortales que de vez en cuando encontramos canciones que están escritas para nosotros. Cuántas veces habremos dicho: eso me ha pasado a mi, así me siento yo, o incluso por qué no me pasa esto a mi... Pensando, pensando, me doy cuenta de que es una ardua tarea porque hay muchísimas canciones que han sido importantes para mi a lo largo de estos 28 años y pico (no quiero ni pensar cuántas tendré cuando tenga 50). Con Sabina lo tengo fácil, hay muy pocas que no me convenzan, todas las demás voy a tomarme la licencia de pensar que están escritas y cantadas para mi. Qué morro tengo, esto es megalomanía en estado puro. Pero no me quedo sólo con Sabina, también tengo en mi memoria algunas de Antonio Vega, de Calamaro y de los Rodriguez, de Serrat, de Mikel Erentxun y Duncan Dhu, de Ana Belén, de Eric Clapton, de Miguel Bosé, de Bon Jovi, de U2, de Aerosmith, de los Héroes del Silencio, de A-ha, y un sin fin de ellos. Una mezcla ecléctica, como la vida misma. Una canción distinta para cada momento, para cada instante de la vida.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Nacidos para...

Mientras echo la tarde una canción me viene a la cabeza, bueno, y también muchas otras cosas. La canción en cuestión, por supuesto de mi admiradísimo Sabi, creo recordar que se llama Nacidos para perder. No considero que haya nacido para perder ni mucho menos. Tampoco creo que haya nacido para ganar nada, sólo para vivir, sufriendo, eso sí. Muchas veces pienso que sí, que soy de esas personas que por lo que sea me ha tocado vivir sufriendo. Seguramente magnifico todo demasiado, hago mundos de granos de arena, pero qué le voy a hacer. En ciertos momentos de mi vida he pensado que sufrir no es más que una señal de que estamos vivos y sentimos, y ese mismo sufrimiento nos hace disfrutar mucho más y más intensamente de los momentos buenos. Ahora ya no sé qué pensar, no sé si merece la pena tanto sufrimiento y tanta tristeza, tanto estar mal continuamente, tanto estar enfadada con...todo. Lo peor de todo es que me estoy acostumbrando de tal manera que casi no me duele nada; ya no me duele la soledad, ni la indiferencia, ni el desagradecimiento, ni el pasotismo, ni los malos modos, ni los insultos, ni nada de nada. Me molestan y mucho, pero estoy aprendiendo a vivir con ello. Me imagino que como todas las cosas en la vida, esto pasará, las aguas volverán a su cauce; costará recobrar la normalidad, y seguramente algún poso quede ahí para siempre, pero todo seguirá igual. Tal vez soy un poco ingenua y nada de esto vaya a suceder, pero bueno, quiero ser optimista y pensar que sí.
En fin, mejores tiempos vendrán, que han de venir y de esto me reiré, me olvidaré, ... y por supuesto volveré a sufrir.

martes, 18 de noviembre de 2008

Mi microcosmos.

Me encantan los mandalas. En este en concreto veo un núcleo del que salen numerosas ramificaciones, todas con un nexo común, pero tan independientes unas de otras que casi se repelen. La suerte, algunos pensarán que su desgracia, es que todas están envueltas por un aura común que las obliga a estar siempre juntas, que las condena a entenderse, o cuanto menos a soportarse.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Por no hablar.

Hace bastantes días que no escribo nada, la verdad es que no he parado mucho... y tampoco tenía demasiadas ganas. No voy ni a redactar ni a exponer nada, únicamente voy a poner algunas de las ideas, sensaciones, sentimientos que se me pasan por la cabeza. Puede parecer un ejercicio Dadaísta o Surrealista (no lo creo, tampoco es mi intención), también pueden parecer desordenados, (desde luego para mi están perfectamente ordenados y tienen mucho, muchísimo sentido en mi cabeza).
Allá van:
Aburrimiento, apatía, enfrentamiento, desazón, rabia, ira, pereza, enfado, malestar, impotencia, guerra fría, falsedad, desorden, caos, egoísmo, manipulación, falta de intención, ensañamiento, imbécil, desagradecidos, tontería, ataque de dignidad, suficiencia, pasotismo, mareo, ganas de huir, abandono, tedio, incomodidad, tensión, segregación, indiferencia, mala leche, iros a la porra, harta, astiada, disimulo, menuda mierda, no puedo más, cómo hemos llegado a esto, en fin, lo que hay que aguantar, encabronamiento, dolor, jobar, por qué, manía, sectarios, infantiles, interesados, madre mía, llorar, puño sobre la mesa, morderse la lengua, sacar todo de quicio, adiós, ahogo, encima, ja, soledad, tristeza, defraudada, decepcionada, cansada, muy cansada.
Prefiero mil veces una contienda declarada que una guerra encubierta.
Espero no tardar mucho en poner los antónimos correspondientes...que ilusa, si aquí nadie quiere hacer nada, cuesta muchísimo mover un dedo y a los demás que les den.

viernes, 7 de noviembre de 2008

A la orilla de la chimenea.

Para un día lluvioso como el de hoy, que mejor que una de esas canciones que uno escucharía hasta la saciedad tapadito con una manta en el sofá:

A la orilla de la chimenea
Puedo ponerme cursi y decir
que tus labios me saben igual que los labios
que beso en mis sueños
Puedo ponerme triste y decir
que me basta con ser tu enemigo, tu todo
tu esclavo, tu fiebre, tu dueño.
Y si quieres también
puedo ser tu estación y tu tren,
tu mal y tu bien,
tu pan y tu vino
tu pecado, tu Dios, tu asesino...
O tal vez esa sombra
que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea
a esperar que suba la marea.

Puedo ponerme humilde y decir
que no soy el mejor,
que me falta valor para atarte en mi cama.
Puedo ponerme digno y decir
-"Toma mi dirección cuando te hartes de amores
baratos, de un rato... me llamas".-
Y si quieres también,
puedo ser tu trapecio y tu red,
tu adios y tu "ven",
tu manta y tu frío,
tu resaca, tu Lunes, tu hastío...
O tal vez ese viento
que te arranca del aburrimiento
y te deja abrazada a una duda
en mitad de la calle y desnuda.

Y si quieres también
puedo ser tu abogado y tu juez,
tu miedo y tu fe,
tu noche y tu día.
Tu rencor, tu por qué, tu agonía.
O tal vez esa sombra
que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea
a esperar que suba la marea.
Gracias por este regalo.

martes, 4 de noviembre de 2008

Angustia...

Llegó la hora de ponerse en serio a profundizar sobre el tema de la tesina. Bueno, de momento he recuperado una breve memoria, que más bien es una introducción.
"Angustia es ese estado afectivo de tensión que aparece ante un peligro indeterminado, es la actitud del sujeto dominado por un constante temor a algo impreciso. Puede diferenciarse entre el sujeto de la angustia y el objeto que angustia.
El eje central es dilucidar qué es lo que pasa en el sujeto para considerar peligroso, angustioso, un objeto por impreciso que éste sea. Los filósofos existencialistas han abordado el tema desde diversos puntos de vista. Para Kierkegaard angustia es ante la posibilidad. Posibilidad de un riesgo que todavía no se precisa respecto de qué cosa es, qué consecuencias puede tener. Angustia surge como relación con un objeto, impreciso, indeterminado, pero objeto al fin; esto es connotativo de la impotencia del sujeto frente al objeto.
El psicoanálisis también ha tratado ampliamente el tema. Para Freud, aquello ante lo cual nos sentimos poderosos, seguros cuanto menos, no puede provocarnos ningún tipo de angustia. Angustia es para Freud un estado del Yo. El carácter finalista de la angustia estriba en advertir al sujeto de la existencia del riesgo, y la necesidad de apartarse del objeto que lo suscita. Angustia es también defensa.
Agonía es sin embargo la actitud del sujeto, generalizada, presa de la angustia de modo permanente; de un sujeto que teme cualquier cosa, no se sabe qué, y por lo tanto está siempre en posición de defensa. Es por tanto la agonía una angustia actitudinal, es angustia ante la relación interpersonal y crisis del “self” por descubrimiento de su identidad real.
La angustia en el sujeto es proyectada en el cuerpo, al modo de un proceso morboso que ocurre en él y finalmente termina somatizándose. Ocurre un desplazamiento desde el plano del sujeto, quien no desea tener motivo para la angustia, al plano físico, somático. El sujeto prefiere ser enfermo corporal a ser enfermo psicológico. En la sociedad del siglo XX y XXI, prima el deseo de bienestar mental al del bienestar físico, por la creciente esperanza en los avances de la medicina a nivel físico más que psiquiátrico. Este argumento puede parecer contradictorio al observar que cada vez son más los individuos que hacen uso de las diversas terapias que la psicología oferta para terminar con este estado de angustia.
La angustia ante una situación es angustia ante una relación sujeto-objeto. Esto quiere decir que importa principalmente analizar la relación de esta conducta, calificada de neurótica, para lo cual no sólo interesa saber quién se angustia, sino también qué es lo que angustia, en definitiva, por qué y para qué se expresa la angustia. El rasgo fundamental de la personalidad neurótica es la inseguridad. En sociedades como las del momento presente esta inseguridad es debida a innumerables causas y factores sociales que emergen continuamente.
Angustia constituye el paradigma de la neurosis actual. El síntoma fundamental es la angustia como tal, sin elaboración. El sujeto angustiado experimenta un temor vago, impreciso ante posibilidades de diverso riesgo que afecta a su integridad total. Una forma muy frecuente de angustia se manifiesta en forma de crisis. El individuo se siente sobrecogido, algo puede ocurrirle, incluso lo más terrorífico; no obstante el objeto de la angustia es algo impreciso. Durante la crisis, no se pierde el sentido de la realidad, pero ésta aparece distorsionada, centrada únicamente sobre sí mismo, esto ocurre justamente porque es él el que se encuentra en riesgo, no sabe de qué. La angustia es un estado emocional intenso en las crisis, y mucho menos en el resto de situaciones. Es interesante precisar qué es lo que hace que una situación de angustia desemboque en una crisis. Cuáles son las circunstancias que le llevan a un individuo a sufrir una crisis de angustia. Las causas de los estados de angustia han sido buscadas antes de Freud en perturbaciones fisiológicas. Freud englobó estos estados de angustia producidos por una o varias causas fisiológicas con el nombre de angustia objetiva, para diferenciarla de la angustia neurótica, la cual tiene causas psicológicas, que frecuentemente permanecen ocultas a la persona angustiada.
Ante qué se angustia un neurótico, cuál es el objeto de la angustia. Desde Kierkegaard, se ha repetido constantemente que el sujeto se angustia ante la posibilidad. Elegir no es fácil, y mucho menos cuando la oferta es cada vez más abundante, como ocurre hoy en día. La angustia surge ante la disyuntiva, ante algo posible o de posibles consecuencias. Posibilidad quiere significar varios, es decir, cualquier cosa en un momento dado, que momentos después puede ser cualquier otra. Pero posible es también lo que no es sino que puede ser, por tanto, lo que es solamente objeto imaginario, e imaginario como temible y de consecuencias también imaginarias, diversas, por eso mismo temibles. El objeto de la angustia es por lo tanto un objeto fantástico, imaginario.
Como toda situación crítica de este tipo, que puede denominarse existencial, lo que está en juego es la existencia y la significación que ésta posee y ha poseído para el sujeto. El objeto que causa la angustia, impreciso, adquiere en cada uno determinadas referencias. Lo más común es que el sujeto haga un análisis precipitado y la mayoría de las veces parcial de lo que ha sido su existencia hasta entonces, precisamente por esa sensación de miedo que experimenta ante la posibilidad de fin o aniquilación de su cuerpo o de su vida psíquica.
Para Kierkegaard la angustia es la atalaya de la vida humana, porque desde ella el sujeto se veía obligado a la reflexión sobre sí, sobre su vida y sobre la vida en general. Tras la crisis de angustia los objetos aparecen desvalorizados frente a la situación experimentada, lo banal que hasta ese momento ocupaba su todo su interés deja paso a lo que es ahora lo fundamental.
Esta reflexión enlaza con la función de la angustia, que quedó establecida desde los estudios de Freud como mecanismo de defensa. La angustia es la defensa del “self”. Gracias a ella el sujeto puede preservar su identidad total o parcial, evitando la relación con el objeto que le suscita la angustia, huye de él; objeto en el sentido más amplio del término, esto es, también él mismo, por generador de situaciones que pueden complicar o incluso malograr su identidad.
La función de la crisis de angustia es la de alarma respecto del “self” total, por eso es angustia ante la muerte como terminación de la vida, o es angustia ante la posibilidad de la pérdida de su “self” global, de su identidad como sujeto, la angustia ante la experiencia de la insignificancia de sí mismo. Es preciso hacer hincapié en que muchas crisis se originan ante la posibilidad de no estar a la altura de las circunstancias, de no responder a las expectativas que ante sí o ante los demás el sujeto considera que le son requeridas. Generalmente en la crisis de angustia tiene lugar una brusca regresión del sujeto en todos los planos de su configuración como tal, por eso es habitual que se adopten comportamientos que se asemejan a los miedos infantiles.
La expresión de la angustia tiene como finalidad la obtención de la protección que para uno mismo se desea. Ejemplo de esto se aprecia claramente en sociedades que padecen una situación de angustia generalizada, se pretende que las instituciones o estamentos superiores aseguren la máxima protección a cada uno de los individuos. El miedo juega una baza muy importante en la configuración político-social de las comunidades a lo largo de la historia, y más en la del momento actual. Es primordial hacer una reflexión sobre cómo se utiliza esta situación para dominar a los sujetos que forman parte de la sociedad.
Angustia es una defensa frente a un peligro que se estima exterior o interior. Incluso cuando el peligro es vivido como externo, el riesgo es del sujeto y consecuentemente se interioriza. Además de la angustia y de aquello que angustia, el sujeto tiene que defenderse con el objetivo de no volver a experimentarla. La conducta del neurótico de la angustia puede diferenciarse en dos planos: angustia como conducta de defensa ante el objeto de peligro, y conducta de defensa ante la angustia misma. Este último aspecto del problema es básico, puesto que deja ver lo que se considera el “beneficio secundario”, es decir, lo que el sujeto inconscientemente pretende con la ostentación de su angustia. La angustia manifiesta ante otros es una conducta y como tal relacional. Qué persigue el neurótico con su angustia, o mejor dicho, qué espera conseguir con la conducta angustiosa. En última instancia, es un reclamo de atención en busca de protección. A pesar de esto, angustia no es simulación, no es una pose fingida. La angustia es realmente experimentada por el sujeto, por ella, regresa a niveles en los que por desvalimiento se presenta vulnerable como un niño. Este modo de actuación del neurótico de la angustia pretende en definitiva, el mantenimiento de una relación interpersonal. La búsqueda de este beneficio de le presenta como una necesidad ante la impotencia de que es consciente.
La angustia también puede dar lugar a una situación de apatía e inmovilismo, es la conducta de evitación, que consiste en la limitación de la actividad con el propósito de evitar el objeto que se teme, es la defensa ante la angustia. Esta posición es ciertamente peligrosa puesto que el sujeto puede ser fácilmente dominado por el “protector” de los peligros que acechan a los sujetos.
La angustia en definitiva conlleva una huída, en función del sujeto que la experimente la huída dará lugar a unas situaciones u otras. En sociedades como las de los presentes siglos el sujeto angustiado posee multitud de mecanismos para asegurar su propia integridad. Lo fundamental es hacer un análisis de cómo se manifiestan en sociedad los mencionados sujetos y qué repercusión tiene esta circunstancia a nivel político y social. ¿Qué es lo que hace que cada vez más personas se muestren angustiadas en un mundo que avanza vertiginosamente en todas las direcciones? ¿Por qué la angustia paraliza a buena parte de los individuos mientras que otros se muestran mucho más activos y combatientes? ¿Cuánto deben las artes como el cine, la pintura, la literatura, etc., y los medios de comunicación de masas a la angustia?
Para llevar a cabo este análisis es fundamental hacer un recorrido por las teorías de los filósofos que más profundamente han abordado el tema como Kierkegaard, Heidegger, Sastre, (en definitiva, los existencialistas), el Psicoanálisis de Freud, y los estudios más destacados de psicología y psiquiatría, sobre todo social".